La cocina checa es contundente, sabrosa y muy variada. Esta guía te cuenta qué comer en Praga y dónde encontrar los platos más deliciosos, sin pagar de más.
Los ingredientes base de la cocina checa son la carne de cerdo y ternera, las patatas y tubérculos, la col, los champiñones y la nata agria. El resultado son platos abundantes y reconfortantes que, bien elegidos, se consiguen a precios muy razonables... si sabes dónde buscar.
En Assist Card, te contamos cuáles son los platos típicos que comer en Praga, qué dulces probar y cómo es la comida callejera. Te explicamos cómo comer bien y barato, y qué tener en cuenta para disfrutar la gastronomía praguense sin sorpresas.
Viajar a Praga desde España es sencillo y cuenta con varias opciones según tu presupuesto y tiempo disponible. La forma más rápida es en avión, con vuelos directos desde ciudades como Madrid o Barcelona, con una duración aproximada de 3 horas. Es un destino ideal para una escapada corta o para aprovechar los días festivos.
También puedes optar por rutas con escala desde otras ciudades españolas, lo que a veces permite encontrar precios más económicos. Una vez en Praga, el aeropuerto se encuentra a unos 30 minutos del centro.
Si prefieres una experiencia más completa, es posible llegar a Praga en tren o en coche, aunque el trayecto es considerablemente más largo (entre 20 y 25 horas) y suele implicar paradas en otras ciudades europeas.
El error más habitual de los visitantes es comer en los restaurantes de la Plaza de la Ciudad Vieja, la calle Nerudova (que sube al castillo) o el entorno del Puente de Carlos. En esas zonas, los precios pueden doblar o triplicar los de locales frecuentados por checos.
Entonces, ¿adónde ir a comer en Praga?
Algunos restaurantes de referencia fuera de los circuitos turísticos más saturados:
Si estás buscando comidas típicas que comer en Praga, estás en el lugar correcto. Considera esta lista en tu visita a la capital checa.
El guláš (goulash) es el plato más representativo de la cocina checa. Es un estofado de ternera cocinado a fuego lento con cebolla caramelizada, pimentón y diversas especias.
A diferencia de la versión húngara, el guláš checo es menos picante y más espeso. Se sirve siempre con knedlíky, las rebanadas de pan esponjoso hervido que absorben la salsa. A veces, lo sirven dentro de un bollo de pan hueco.
La svícková es más que un plato típico que comer en Praga: es el plato nacional de la República Checa. Consiste en un lomo de ternera marinado, asado lentamente en cazuela y servido con una salsa agridulce hecha de nata, zanahoria y verduras.
Se corona con una cucharada de mermelada de arándanos y nata montada, y siempre va acompañado de knedlíky. La receta data del año 1826, con escasas variaciones.
Literalmente traducido como "cerdo, dumplings, col", el vepro knedlo zelo combina lomo de cerdo asado con chucrut y knedlíky.
Cada ingrediente parece simple, pero la conjunción de texturas y sabores explica por qué es uno de los platos más típicos checos. Es bastante contundente: no suele ser necesario añadir entrada para llenarse.
Si quieres probar comida callejera, un plato típico que comer en Praga sin entrar a un restaurante es la klobása. Es una salchicha checa asada a la parrilla que se sirve con pan de centeno y mostaza.
Los puestos de la avenida Wenceslao y los mercados del centro son el lugar más habitual para encontrarla. Una ración con pan ronda los 2-3 euros, lo que la convierte en una de las opciones más económicas para comer en Praga barato.
¿Buscas un dulce que comer en Praga? El trdelník es el más visible en las calles del casco histórico: una masa fermentada enrollada en un palo de madera, asada a la parrilla y rebozada en azúcar y canela.
Las versiones modernas se rellenan de helado, nata o chocolate. Cuesta alrededor de 3 euros en los puestos callejeros.
El koleno es un codillo de cerdo asado con piel crujiente. La carne es tan tierna que se separa del hueso sin esfuerzo. Se sirve con mostaza, rábano picante y pan. Es un plato para compartir entre dos personas.
El smažený sýr es un bloque de queso Edam (o Camembert) rebozado y frito, servido con patatas fritas y salsa tártara.
No es un aperitivo: en la cocina checa es un plato principal. En su versión más moderna, el queso se mete dentro de un brioche, como si fuera una hamburguesa. Es la opción vegetariana por excelencia de los menús checos.
Praga no es un destino con riesgos sanitarios graves y sus estándares de higiene alimentaria son equiparables a los del resto de Europa central.
Aun así, nadie está exento de tener una indigestión, una reacción alérgica no prevista o un malestar estomacal, especialmente tras probar platos con ingredientes nuevos, como la nata agria, las especias fuertes o las carnes muy grasas.
Si te pasara a ti, el malestar no solo interrumpiría tu viaje, sino que podrías tener que buscar atención médica: ver bien adónde atenderte en este lugar desconocido y esperar que la Tarjeta Sanitaria Europea lo cubra.
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